Para algunos de los que siguen este blog es conocida mi faceta de escritor, en estos momentos estoy a la espera de que salga al mercado mi cuarto libro, un poemario en catalán que se titula “Fred al cor” (“Frío en el corazón) y que se presentará a mediados de febrero.
Ayer tenía que dar el último ok a los textos para que pudiera ir ya a imprenta, pero la tragédia del terremoto de Haití dejo helado mi corazón.
Esa sacudida de la tierra sesgando la vida a miles de personas en unos segundos, me hizo reflexionar, y a vuelapluma hice una petición en forma de poema corto dedicado a la Dama de los Sueños Eternos.
Seguidamente lo envié a mi editor (Ediciones Carena) rogándole que lo incluyera en el poemario, y hoy ya me ha confirmado que será el poema que cierre el libro.
Hoy quiero compartir con vosotros mi petición, lo hago en la lengua en que está escrito originalmente y también en su traducción al castellano.
Gracias por leerme
Estimada Dama dels Somnis Eterns:
Abans de portar-me amb Tu
deixem uns segons nomes
per poder trepitjar el fullam,
per poder tocar la terra,
per poder acaronar el bosc,
per poder mirar el mar,
per poder ensumar la pluja,
per poder rebre la darrera besada de la lluna,
i poder dir-li en veu baixa a tots,
xiuxejant prop del seu cor,
Gracies.
Querida Dama de los Sueños Eternos:
Antes de llevarme contigo
déjame unos segundos sólo
para poder pisar el follaje,
para poder tocar la tierra,
para acariciar el bosque,
para mirar el mar,
para poder oler la lluvia,
por poder recibir el última beso de la luna,
y poder decirle en voz baja a todos,
susurrando cerca de su corazón,
Gracias.
Texto y fotos; Miguel Adrover Caldentey
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jueves, 14 de enero de 2010
miércoles, 13 de enero de 2010
Haití (in memorian)
Hoy mi corazón se ha sacudido con Haití, hoy, parte de mi corazón se ha quedado bajo los escombros de Puerto Príncipe.
Una vez más los desastres naturales nos abren los ojos a un mundo que subsiste entre las tinieblas de lo tangible e intangible. Existen algunos países y regiones que tienen magia en su nombre y de los que nos acordamos muy de vez en cuando, en conversaciones de viajes posibles, o imposibles, también cuando nuestra mente evoca aventuras caribeñas, o quizá cuando vagamos por el limbo del conocimiento de culturas que nos atraen pero que nos merecen un respeto algo más prudente que otras.
Pero de pronto, sucede algo que hace que veamos la realidad como si estuviéramos viviendo una operación a corazón abierto y sin anestesia, nos sirve en frío la realidad de una ciudad, de un país que es de los más pobres del mundo y que en su corazón sufre un devastador terremoto que sepulta a miles de sus hijos, que con sus sacudidas deja una ciudad completamente derruida, cuyos habitantes vagan por las calles, hoy en busca de los suyos, mañana y pasado también, y dentro de una semana en busca de algo que comer, intentando curar sus heridas, intentando encontrar un cobijo aunque sea bajo los escombros, intentado evitar las enfermedades contagiosas, y muchos no lo conseguirán.
Hoy miles de manos gubernamentales se alzan en su ayuda, mañana y pasado también, y dentro de unas semanas, cuando el efecto mediático se haya desvanecido, seguirán llegando tiendas de campaña para instalar campamentos para los damnificados, seguirán llegando medicamentos para los heridos, quizá algún hospital de campaña, pero poca cosa más, los miles de haitianos que todo lo han perdido, seguirán viviendo un autentico infierno. Y poco a poco irán volviéndose invisibles, mendigarán, habilitarán chabolas, se concentrarán en un gheto y lentamente su mismo gobierno empezará a renunciar de ellos. Haití volverá a ser parte de esas tinieblas intangibles, únicamente cooperantes de alguna ONG seguirán luchando desde allí, y os prometo que hacen mucho, pero poco pueden hacer solos.
Hoy quizá escribo con el corazón, pero es que esto ya lo he visto antes en Nicaragua, cuando el gran terremoto de 1999, yo estuve allí en 2001 y Managua seguía en ruinas, bueno, miento, se había reconstruido la catedral y el palacio de gobierno, la ciudad seguía sin hospital, sin colegios, sin transporte público, sin nada.
Los pocos que habían podido reconstruir parte de sus casas lo habían hecho, pero barrios enteros seguían en ruinas, y el índice del paro rozaba el 60%. Nicaragua nunca se ha recuperado.
Por eso hoy pido, que lo sucedido, no quede en el olvido dentro de unas semanas cuando cese el efecto CNN.
Gracias a todos por leerme.
Texto; Miguel Adrover Caldentey
Fotos; Internet
Una vez más los desastres naturales nos abren los ojos a un mundo que subsiste entre las tinieblas de lo tangible e intangible. Existen algunos países y regiones que tienen magia en su nombre y de los que nos acordamos muy de vez en cuando, en conversaciones de viajes posibles, o imposibles, también cuando nuestra mente evoca aventuras caribeñas, o quizá cuando vagamos por el limbo del conocimiento de culturas que nos atraen pero que nos merecen un respeto algo más prudente que otras.
Pero de pronto, sucede algo que hace que veamos la realidad como si estuviéramos viviendo una operación a corazón abierto y sin anestesia, nos sirve en frío la realidad de una ciudad, de un país que es de los más pobres del mundo y que en su corazón sufre un devastador terremoto que sepulta a miles de sus hijos, que con sus sacudidas deja una ciudad completamente derruida, cuyos habitantes vagan por las calles, hoy en busca de los suyos, mañana y pasado también, y dentro de una semana en busca de algo que comer, intentando curar sus heridas, intentando encontrar un cobijo aunque sea bajo los escombros, intentado evitar las enfermedades contagiosas, y muchos no lo conseguirán.
Hoy miles de manos gubernamentales se alzan en su ayuda, mañana y pasado también, y dentro de unas semanas, cuando el efecto mediático se haya desvanecido, seguirán llegando tiendas de campaña para instalar campamentos para los damnificados, seguirán llegando medicamentos para los heridos, quizá algún hospital de campaña, pero poca cosa más, los miles de haitianos que todo lo han perdido, seguirán viviendo un autentico infierno. Y poco a poco irán volviéndose invisibles, mendigarán, habilitarán chabolas, se concentrarán en un gheto y lentamente su mismo gobierno empezará a renunciar de ellos. Haití volverá a ser parte de esas tinieblas intangibles, únicamente cooperantes de alguna ONG seguirán luchando desde allí, y os prometo que hacen mucho, pero poco pueden hacer solos.
Hoy quizá escribo con el corazón, pero es que esto ya lo he visto antes en Nicaragua, cuando el gran terremoto de 1999, yo estuve allí en 2001 y Managua seguía en ruinas, bueno, miento, se había reconstruido la catedral y el palacio de gobierno, la ciudad seguía sin hospital, sin colegios, sin transporte público, sin nada.
Los pocos que habían podido reconstruir parte de sus casas lo habían hecho, pero barrios enteros seguían en ruinas, y el índice del paro rozaba el 60%. Nicaragua nunca se ha recuperado.
Por eso hoy pido, que lo sucedido, no quede en el olvido dentro de unas semanas cuando cese el efecto CNN.
Gracias a todos por leerme.
Texto; Miguel Adrover Caldentey
Fotos; Internet
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