jueves, 13 de mayo de 2010

El corazón de Lluc (Mallorca)


Aprovechando las primeras luces de la mañana, antes de que los fieles y turistas invadieran la iglesia, realicé esta toma, con ella quiero enseñaros el interior del Santuario de LLuc, o de la Basílica de LLuc, una de las más veneradas de Mallorca, en esta ocasión, permitidme que dedique la foto a MdB, alguien muy especial, que sé desea poder contemplarla, para poder ver su luz, y descubrir los detalles que su querido Gaudí dejo impresos en la obra. Espero que estos días nos permitan disfrutarla




Para los que queráis leer un poco, conocer algo de su historia, os dejo un breve resumen, aunque lo que caracteriza más a Lluc, es que todos los que vivimos en la isla lo sentimos como un lugar especial, pues aunque no seas religioso, el enclave telúrico donde está ubicado el santuario, hace que puedas sentir la energía de la Tierra, de los elementos.

La actual iglesia, de estilo renacentista, fue empezada en 1622 y terminada en 1691 con la construcción de la fachada. Tiene planta de cruz latina, con una sola nave y tres capillas a cada lado, una bóveda de cañón y una cúpula en el centro del crucero. Los arcos y cornisas están hechos de una piedra extraída en las cercanías del Santuario. Mide 28'28 mts. de longitud por 6'70 mts. de anchura en la nave y 13'45 mts. en el crucero.

En 1684 se dedicó el altar mayor, pero el retablo mayor, obra del Maestro Blanquer, ya estaba terminado en 1629, y la imagen de la Virgen, que estaba ubicada en una capilla lateral, fue trasladada a su nicho central.

A principios del siglo XX, se completó la decoración barroca de toda la iglesia, con el mismo estilo del presbiterio, según las instrucciones del arquitecto catalán Antoni Gaudí. De esta manera, su interior se parece ciertamente a una “casa de oro”.

Texto y foto: Miguel Adrover Caldentey

miércoles, 12 de mayo de 2010

Tomar la decisión

Después de la lluvia, el sol lucha por salir, aunque las nubes no quieren irse todavía, en esos momentos, cuando realmente estas entre una y otra parte del enfrentamiento, tienes que decidir si colocar el trípode o aprovechar el impass para refugiarte, a veces ganas y puedes realizar la foto que deseabas, a veces pierdes y te calas hasta los huesos, pero cuando ganas y capturas ese momento, ese instante, vale la pena, sabes que arriesgaste por algo bello, y en ese momento, sabes también que si hubieras perdido, si te hubieras mojado, no te habría importado, era tu elección.


Como en la fotografía muchas otras decisiones de nuestra vida tienen que decidirse en un momento, lo importante es tomar la decisión que nosotros elijamos, a partir de ese momento, sabemos que estamos donde queremos, a pesar del riesgo de mojarnos.



Texto y foto: Miguel Adrover Caldentey

martes, 11 de mayo de 2010

Posición integral

La posición integral de cada uno ante la vida es la forma como cada persona se siente a sí misma y a los demás respecto de ella. Por ejemplo: tendemos a ser duales hasta le médula en los extremismos, yo puedo sentir de mí mismo que soy inteligente y que hago bien las cosas, o que soy incapaz y no sirvo para nada. De los demás, si me sitúo en esos mismos extremos, que son perfectos y mejores que yo, o bien que no saben ni valen nada.


De cualquier manera, lo que está claro es que, cuando nos centramos ya en esa posición integral respecto a la vida, debemos huir de ambos extremos, e intentar siempre que podamos, sentirnos parte de la cadena para poder estar engarzados con el resto de la sociedad, como esas embarcaciones que duermen al resguardo del puerto de Essaouira en Marruecos, cuyos propietarios confían en el amarre de la embarcación vecina para que sujete firme la suya. Lo conseguiremos a través de amigos, de familiares, o simplemente de referentes en nuestra formación o en el día a día.

A partir de aquí, la posición firme de cada uno es saber entender que ni eres tan bueno ni tan malo, que puedes ser mejor o peor, pero no hasta el punto de auto alabarte ni de auto menospreciarte, y luego, una vez aceptadas tus limitaciones, comprenderás que los demás ni son tan buenos como para adorarles, ni tampoco tan malos como para odiarles. Llegados a este punto tendremos la suficiente libertad de criterio para saber que si nos afianzamos en unas convicciones debemos asumirlas, o si en cambio deseamos desentendernos de las corrientes comunes y optamos por la individualidad, ni los que nos alaben ni los que nos critiquen son ni mejores ni peores que nosotros.

En ese momento, es muy importante que te definas interiormente, porque has de saber si realmente te aceptas tal como eres o si por el contrario huyes de ti. Por otra parte, también has de analizar si en tus relaciones con los demás, aceptas o no a los otros.

Texto y fotos; Miguel Adrover Caldentey

domingo, 9 de mayo de 2010

El elefante

Tenemos que ser fieles a nuestras ideas, pero nunca pensar que somos poseedor de la verdad absoluta. Cada uno de nosotros percibe una parte de lo existencial. Cada uno de nosotros vemos únicamente una parte de lo que tenemos delante, la distinta dirección de nuestras miradas hace que cada uno vea una realidad diferente a la de los demás.


Una de las historias sufís más conocidas nos lo explica de la siguiente manera, probablemente, el igual que otras incluidas en este blog, sea ya conocida por muchos, pero no puedo dejar de citarla.

En el sur de la India, existía un pequeño pueblo en el cual, todos sus habitantes eran ciegos, vivían en armonía, bajo el mandato de un rey justo y bondadoso, también ciego.
Un día, hace de esto ya muchos años, escucharon de boca de uno los invidentes que cada día llegaban a la localidad para unirse a aquella comunidad, la historia de un extraño animal al que denominaban elefante.
Como ninguno de ellos lo había visto, ninguno sabía realmente como era.
Dio la casualidad que hasta el pueblo llegó la noticia de que el gran Maharajá pasaría cerca de la comunidad, ya que le venía de paso en una de sus visitas que cada cierto tiempo realizaba a las regiones más lejanas del país.
El que les informó del paso de la comitiva del Maharajá aseguró que en la misma iban también varios elefantes.

El rey de los ciegos reunió a los cinco hombres más valientes y decididos del pueblo para que fueran a investigar que clase de animal era el elefante.
La fecha asignada para acercarse a la caravana del Maharajá fue la de la noche que acamparía más cerca del poblado.
Ellos irían de noche, así tendrían ventaja sobre los demás, ya que ellos debido a su ceguera se desenvolvían igual de bien de noche que de día.
Así podrían moverse libremente sin que nadie les viera.
El día señalado, los cinco salieron en dirección al campamento de aquel Gran Señor. Llegaron cuando estaban todos durmiendo, sigilosamente fueron adentrándose en el mismo, cada uno por su cuenta empezó a buscar aquel desconocido animal, como no podían hacer uso del sentido de la vista, palpaban con las manos.

A la mañana siguiente, cuando ya todos habían regresado al pueblo, el rey reunió a todos los habitantes en la plaza y convocó a los cinco exploradores con el fin de que les explicaran que clase de animal era el elefante.

El primero en hablar a la gente era uno que había llegado de frente al animal, y lo había cogido por la trompa y les dijo:
—El elefante, os aseguro, es un animal muy extraño. Es como una gran serpiente colgando de una rama. Se mueve como una boa, enroscándose y balanceándose.
El segundo, que palpando, palpando había cogido al elefante por una oreja les dijo:
—No digas tonterías, ese extraño animal es como una manta de ventear grano, fina y ancha y se mueve como un abanico.
En estas el tercer explorador, que se había dado de bruces con el costado del elefante exclamó:
—A ver qué llegaréis a decir —y dirigiéndose al público, dijo: —Yo bien os aseguro que ese animal es como una roca, es rugoso y a pesar de que le empuje con todas mis fuerzas no conseguí que se moviera ni un centímetro.
En este punto, uno de los dos que todavía no había dicho nada, no pudo más y se hecho a reír.
—No estáis diciendo más que disparates. El elefante es como un pincel grueso, largo y flexible, pero terminado en una mata de pelo grueso, áspero y fuerte.
Este explorador había cogido el elefante por la cola. Mientras, el último, que había palpado una de las patas del elefante, se adelanto y dijo:
—De verdad os digo, que el elefante es como el tronco de un árbol, grueso, fuerte y cilíndrico. Es tan extraño que no puedo asociarlo a otro animal que alguna vez haya tocado.

Todos ellos juraban y perjuraban que era su versión la verdadera, cada uno repetía una y otra vez que había sido él el que tocó al elefante, y que un elefante era tal y como lo describía.

Texto; Miguel Adrover Caldentey
Foto; Wordpress

viernes, 7 de mayo de 2010

Llanto ajeno

Un antiguo proverbio persa dice: “Lloraba porque no tenía zapatos, hasta que vi a un hombre que no tenía pies.”

No es raro que muchas veces nos sorprendamos a nosotros mismos quejándonos de situaciones que en otros lugares del mundo serían consideradas casi de auténtico lujo.
La calidad de vida es quizá una de las preocupaciones más grandes que tenemos. Mejorar es una de nuestras aspiraciones más loables, pero a veces, la realidad del otro mundo —ese que clasificamos como tercero—, nos despierta demasiado deprisa del sueño de nuestro mundo dorado.
Escribí un texto como introducción a uno de los programas de Santanyí Radio, Punt de Trobada (Punto de encuentro), después de una de las grandes hambrunas que regularmente azotan parte
de nuestro planeta.
Fueron unas breves líneas, breves pero escritas desde el fondo de un corazón en aquellos momentos ahogado por las lágrimas.
Siempre las he conservado y por desgracia no han envejecido, por desgracia siguen de actualidad. Dicen así:

“Hoy no soy capaz de robar un segundo al tiempo sintiendo lástima de mi mismo. Hoy te vi llorar a ti con el corazón encogido por el dolor, el dolor de ver como tu hijo murió la pasada noche de hambre.
Murió sin que el destino le diera ninguna oportunidad, volvió a irse así como vino, en silencio, así como vienen y van los ángeles, de puntillas.
Tus ojos derramaban las pocas lágrimas negras que te quedaban, al tiempo que unas manos blancas, de algún cooperante, te arrancaban aquel pequeño cuerpo de entre los brazos.
En tus ojos, ni rabia ni soberbia, tan siquiera denotaban lucha, únicamente resignación y dolor, dolor y más dolor.
Quise unir el mío al tuyo, de hecho lo conseguí. Por eso lloré; lloré mientras vaciaba los restos de mi plato de la cena en el cubo de basura”.

Leído de esta manera, en frío, puede parecer un texto duro, pero la verdad es que todos nos hemos encontrado alguna vez superados por los desastres que llegan a nosotros a través de las noticias y de las imágenes de la televisión, de sopetón, siempre sin respetar ni nuestra felicidad, ni nuestra angustia. Todos tenemos en la memoria grandes desastres naturales, grandes atentados, guerras inútiles, hambre, violencia, sangre entre hermanos, países devastados.
Lo único positivo que podemos encontrar después de cada episodio triste que sucede en nuestro mundo, más lejos o más cerca, es la de la raíz que nace y que cada día es más gruesa y esta mas afianzada.
Es la raíz de los que han decidido que vale la pena ayudar a los demás, que vale la pena luchar porque algún día la utopía se convierta en realidad.
Para que esta raíz siga creciendo y volviéndose más fuere, únicamente hace falta que nos concienciemos que cada uno de nosotros también podemos intervenir, que nuestro granito de arena es fundamental para ayudar en el triunfo, un día no muy lejano, de la solidaridad.



"Por la calle vi a una niña hambrienta, sucia, temblando de frío.
Me dio tanta rabia que levante la voz contra Dios y le dije: —¿Por qué permites estas cosas? ¿Por qué no haces algo para ayudar a esta pobre niña? ¿Por qué no haces algo para evitarle el sufrimiento que está padeciendo?
A lo largo de un buen rato, Dios guardó silencio. Durante muchas horas no habló.
Pero aquella noche, cuando menos lo esperaba, cuando ya había olvidado a aquella niña, Dios respondió a mis airadas preguntas:
—La realidad es que sí que hice algo. Te hice a ti."

Texto y foto; Miguel Adrover Caldentey

miércoles, 5 de mayo de 2010

La amistad

A veces, las situaciones nos vienen dadas por compartir el camino juntos, por recorrer una senda del destino junto a otras personas, tener que compartir situaciones que a veces no son las deseadas ni las deseables.


Durante este caminar juntos, durante estas etapas en las que debemos compartir con otra persona tiempo y espacio a veces se producen situaciones tensas, fricciones.

Una de las veces que he disfrutado de la compañía de Jorge Bucay, mientras lo entrevistaba para la emisora de radio donde yo trabajé, me contó esta historia, luego la incluí en “Cuentos de Sabiduría”

…cuenta una leyenda árabe que dos amigos viajaban juntos por el desierto. Después de unos días de caminar sobre la arena seca y de padecer inclemencias y sed, las relaciones entre ambos empezaron a tensarse hasta que discutieron.
La discusión fue a más hasta que uno de los dos perdió los nervios y dio un puñetazo al otro.
El que había recibido el golpe, se alejo unos pasos, y tomando una rama seca, escribió en la arena. “Hoy mi mejor amigo me ha golpeado en la cara”
Después de calmarse los ánimos continuaron juntos el camino. A los pocos días llegaron a un frondoso oasis donde abundaba el agua, en ese oasis había una pequeña laguna donde decidieron darse un refrescante remojón.
El agua, en el lugar elegido para bañarse, resultó tener más profundidad de lo que pensaban, y el que había recibido el puñetazo, que no sabía nadar, estuvo a punto de ahogarse. Únicamente la ayuda de su amigo posibilitó que se salvara.
Cuando recuperó el aliento, el que había visto la muerte tan cerca, sacó una daga y empezó a grabar sobre una roca. “Hoy mi mejor amigo me ha salvado la vida.”
Su compañero, intrigado, le preguntó:
—¿Por qué, después de herirte con un puñetazo escribiste en la arena, y ahora que te he salvado lo haces sobre la piedra?
Sonriendo el otro contestó:
— Cuando un amigo nos ofende, debemos escribir las palabras sobre la arena, donde el viento del olvido y del perdón se encargaran de borrarlas y de apagar el rencor; cuando nos pase algo grande, cuando seamos objeto de una demostración de amistad como ahora, las palabras debemos grabarlas en la piedra del corazón, donde ni viento ni tempestad podrán nunca borrarlas.

Recuerda, querido lector, que se necesita sólo un minuto para fijarte en alguien, una hora para que te guste, un día para poderlo amar, pero es necesaria toda una vida para poder olvidarle.

Texto; Extracto del libro Cuentos de Sabiduría (Miguel Adrover Caldentey)
Foto; Miguel Adrover con Jorge Bucay

martes, 4 de mayo de 2010

la tierra perdida

Mimetizan las heridas de la carne

destiñendo tú alma con azufre,
paredes reflejando el blanco de la cal
estepas chamuscadas de invernal helada.

Asoman hurones de extraños pedregales
extienden toallas de arena rebozadas
esencias y olores de aceites de lejanos países
te roban el aliento cuando caen las últimas luces.

Niños al son de chillidos osados
corriendo con el agua hasta las rodillas
mezcladas con extraños ruidos
imperativos al viento lanzados y arrastrados.

Desnudez de piel roja cocida, Sol hirviendo
marejadas de cuerpos en el suelo tendidos
lagartijas sobre piedra por el Sol calentada
tierra por Dioses bendecida, por hombres prostituida.

Pasos entre márgenes, pinares y majadas perdidas
olivos, almendros, higueras y murtones,
caminos empedrados con sudor de nuestros mayores,
tierra mal vendida, a trozos, cuarteradas y cuartones.

Canciones de campo, de la siega, de labranza
acalladas por ritmos de modernos transistores
“vestids al ample”, “balls de bot i de pagès”
en un cajón, por otras ropas y danzas enterradas.

Y en cada salida de un nuevo sol
alguien la ve con lágrimas recién derramadas
mirando hacia atrás, triste, de reojo
a aquella tierra que su padre, un día cultivaba.


PD: Aqui dejo un link de un artículo sobre mi por si a alguién le interesa saber algo más de "fred al cor".

http://reporterisme.wordpress.com/category/entrevistas/

teneis que clicar juste debajo de la portada del libro, donde pone "En bolas"  allí la podreís leer.

Texto y foto; Miguel Adrover Caldentey

lunes, 3 de mayo de 2010

Apuntes de viaje, Mexico

Los que me conocen saben que siempre me ha gustado viajar, estoy convencido que es una de las mejores maneras de conocer el mundo, otras gentes y a la vez de conocerse a si mismo, como ya sabéis otra de mis manías es la de escribir, cuando estoy de viaje normalmente por la noche antes de ir a dormir me siento y escribo un rato.


Estoy contando esto porque hoy revisando papeles dentro de mi oficina ha caído en mi mano una cuartilla del Holiday Inn de Hermosillo, México, una ciudad que tuve el placer de conocer gracias a la boda de un amigo, una ciudad situada junto al desierto de Sonora, una ciudad llena de gente que no conocía pero que por diez días se convirtió en mi casa.

Como decía, encontré unas anotaciones hechas a mano en las que escribí. “Hermosillo, no se de donde proviene su nombre pero si se que es el más acertado, hermosas son sus calles, hermosas sus plazas, hermosos sus edificios, hermosos sus monumentos, hermosos sus comerciales, hermoso se levanta Cerro Campana, pero donde realmente se ve la hermosura, donde lo hermoso se torna bello, es en el corazón de sus gentes.

Gente sencilla, como de andar por casa, pero que por ti harían que el sol antes se levantara, gente que sin preguntar te ofrece lo que tiene y lo que no tiene, gente que cuando se presenta o te presenta ya añade a tu nombre el apelativo de compadre, gente que comparte y que no roba tiempo al tiempo, sino que lo disfruta contigo.”

Cuento esto porque guardo preciosos recuerdos de mis dos visitas a México, cada vez, tanto como turista como viajero, he encontrado gente muy diferente a la que diariamente encontramos en nuestro camino, gente amable de corazón abierto y que no temen mostrarte sus sentimientos, gente que disfruta de sentarse a hablar, gente a la cual todavía le interesa relacionarse, compartir su tiempo, gente que todavía no ha sucumbido a la locura del, como dice J.J. Benitez en algunas de sus obras, tonto del tic-tac.

Eso me ha servido para hacer un poco de reflexión de nuestro cotidiano vivir, ya se, no importa que os adelantéis y me digáis que las leyes establecidas no se pueden cambiar, como decía creo que estamos perdiendo un tiempo maravilloso en aras de intentar aprovecharlo al máximo sin prestar atención a los demás ni a lo que nos rodea.

A pesar de la obligación cotidiana que nos pueda representar el trabajo, nuestros deberes sociales y todo lo que tú quieras, hay muchos momentos en los que podemos actuar diferente de como actuamos, hay miles de situaciones que nos pasan desapercibidas y a las que no prestamos atención que nos endulzarían un poco la vida, sabéis, es como aquel relato tan breve pero intenso que dice “durante la noche paso un ángel dejando unos granos de azúcar sobre los labios de los que dormían, pero solo se enteraron los que al despertar se besaron”.

Quiero intentarte hacer comprender que no por ir más deprisa llegaremos más lejos, disfruta de los tuyos, de tus amigos, de la gente a la que quieres y que te quiere, ten siempre un momento para compartir, no seas egoísta de ti mismo, veras que es mucho más fácil de lo que parece. Aunque el caparazón que hemos creado para auto defendernos vistiéndonos de insensibles pueda parecerte una prenda totalmente insustituible ya veras que es mucho más fácil ir arropado por el placer de compartir, de emocionarte, de preocuparte con los demás, sintiendo, hablando compartiendo algo que la naturaleza nos ofrece cada día sin fin, el tiempo. Fíjate que he dicho el tiempo, pues nos hemos acostumbrado a decir, nuestro tiempo, y creo que únicamente se nos ha dado para que lo disfrutemos, no para que nos lo adjudiquemos en propiedad.

Quizá sea una manera de mejorar en algo nuestras relaciones con los demás, sabéis, si te paras a pensar seriamente en las personas que tratas diariamente pero que no son de tu circulo de amistades más cercanas o de la familia, muchas veces no sabes nada de ellos, realmente no conoces más que su caparazón.

A lo mejor si todos pusiéramos un poco de nuestra parte podría ser más fácil convivir.

Texto y foto: Miguel Adrover Caldentey

sábado, 1 de mayo de 2010

En mi entorno

Este fin de semana, una vez más me he refugiado en los alrededores de mi casa para poder desconectar un poco de los problemas del mundo exterior, necesito reencontrar esos pequeños detalles de la naturaleza que me hagan olvidar por un momento los graves desastres ecológicos que de nuevo sufre nuestro planeta, ese vertido de petróleo que amenaza la costa de EEUU, ese ecosistema que se verá totalmente alterado por espacio de años.


Miro a mi alrededor y en un naranjo descubro el primer milagro del día, en su copa un nido de mirlo, con paciencia y sigilo consigo llegar hasta él sin que la cría se ponga nerviosa, le quedan muy pocos días de estar en el nido, dentro de poco lo abandonará para vivir su vida, ojala la próxima vez que logre fotografiarla sea en el pequeño estanque donde tantos pájaros acuden a beber y a bañarse y donde tantas horas paso observándoles y fotografiándoles.









Mientras, sigo paseando y puedo ver como una de las flores más bellas del jardín ya ha abierto el capullo, se quedará así durante largo tiempo, me gusta ver su elegancia, una floración cada año, una sola flor cada bulbo, pero bella y elegante.




Le oigo revolotear cerca del estanque y de las rosas, es cuestión de pararse un momento, es tan curioso que pronto se dejará ver de cerca, es otro de los visitantes asiduos, desde primavera hasta otoño, un “Pagofigo”, pájaro mosquitero que siempre se acerca donde el hombre vive, si este año encuentra pareja, pronto empezará a construir su nido muy cerca de casa.




La menta fresca ya ha brotado con fuerza, su aroma se nota a distancia, me gusta pasar las manos entre sus hojas, quedan impregnadas de su olor, me da esa sensación de frescor, ese aroma imposible de suplir por perfúmenes o colonias, es el aroma de la tierra, de la naturaleza.



Aunque estoy lejos, las oigo croar, es extraño, hace años que no las había ni visto ni oído, su canción viene del estanque, me parapeto en mi escondite y tengo que esperar más de media hora a que se deje ver, una pequeña ranita verde ha tomado posesión del estanque, bueno, realmente llego a ver dos, están a gusto, primero toma el sol un rato y luego se entretiene nadando de espalda y jugando en el agua, espero que no sean demasiado prolíferas en su cría si son pareja, no me gustaría que invadieran las piscinas de mis vecinos, me supondría un conflicto territorial jejeje.

Finalmente regreso a casa más tranquilo, en mis cercanías todo sigue su curso natural, pero intentaré cuidar el medio para que así siga sucediendo año tras año. Ojalá otros con más influencia que yo cuidaran también de su entorno.

Saludos y feliz semana-

Texto y fotos; Miguel Adrover Caldentey

viernes, 30 de abril de 2010

Los avisos que no vemos

Cuenta una leyenda de la lejana China que…

…un día de mucho calor, un joven se acercó a la orilla del río y se arrodilló junto al agua. Iba a introducir las manos dentro para refrescarse, enjuagarse el rostro con el agua fresca. Pero un momento antes de que los dedos acariciaran el agua fresca, vio en el espejo que formaba la superficie del agua la imagen de la Muerte reflejada tras él.
Se levantó completamente asustado y preguntó.
—¿Qué quieres? Soy joven y sano. ¿Por qué vienes a buscarme sin avisar? Me queda tanto todavía por hacer.
—No vine a buscarte todavía —le contestó la Muerte. Tranquilízate y ve a tu casa sin temor, es a otra persona a la que estoy esperando. No vendré a buscarte sin avisarte, te lo prometo.
Aquel joven volvió ese día a casa exultante de alegría. Se hizo mayor, conoció a una bella muchacha con la que se casó, tuvieron hijos, esos hijos crecieron, y la vida siguió su curso natural.
Un día, de nuevo en verano y con mucho calor, aquel hombre, ya de edad avanzada, se encontraba otra vez junto al río para refrescarse. Se lavó las manos y la cara con el agua fresca del río.
Cuando quiso levantarse, una extraña opresión en el pecho le impedía moverse, parecía como si le hubieran colocado un gran peso encima que le impedía levantarse.
Cuando miró hacia los lados en un intento desesperado de encontrar ayuda, vio junto a él, sentada, a la Muerte.
Se sobresaltó de nuevo, pero aún así, la saludó y pregunto.
—¿Pero, tú que quieres?
—Es a ti al que quiero —le contestó ella— hoy tengo que llevarte conmigo, ha llegado la hora.
Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo.
—Me habías prometido que no vendrías a buscarme sin avisar antes. No has cumplido tu promesa.
—Te avisé y te previne.
—¿Me avisaste? ¿Me previniste? No es verdad, estas mintiendo.
—Es verdad y lo hice de mil maneras, cada vez que te mirabas al espejo veías como cada día nuevas arrugas surcaban tu rostro. Tus cabellos se iban volviendo blancos, notabas como tus articulaciones
se iban agarrotando, como al cansarte te faltaba el aliento y como tus huesos se volvían frágiles.
Cada día veías que tus hijos se hacían mayores y te entregaban nietos que también crecían. Como puedes decir que no te avisé y que no te previne.

Vemos que, a lo largo de toda una vida, hay miles de señales que nos van preparando para que nos acostumbremos a llegar al final. Nosotros no queremos ser conscientes de ellas, pero están
ahí.

Texto; Extracto del libro "Cuentos de sabiduría" (Miguel Adrover Caldentey)
Foto; Gran Muralla China- (Miguel Adrover caldentey)

jueves, 29 de abril de 2010

Oro líquido

Después de la última serie centrada en la India, hoy me quedo en mi isla natal, Mallorca, disfrutando de estos días de bonanza, anticipo de un caluroso verano.


Mallorca todavía ofrece espectáculos naturales como una puesta de sol sobre la entrada de la Bahía de Palma, vista desde los acantilados cercanos a Cabo Blanco, una puesta de sol que llena de oro el mar, esos reflejos que invitan a sentarse y disfrutar, desbloqueando los sentidos para captar la grandeza de nuestro mundo, despertando el alma adormecida que desea llenarse de sol, de vida, de emociones y sentimientos.

Es volver a conectar con los elementos, desconectar el piloto automático en que nos mantenemos demasiadas veces para estar en sociedad, es sencillamente, volver a sentir la vida alrededor y en uno mismo.



Texto y foto; Miguel Adrover Caldentey

martes, 27 de abril de 2010

Ellas VI, VII y VIII (fin de la serie)

ELLAS VI




En “ellas” una vez más doy prioridad a la imagen que no a la calidad fotógráfica, era muy difícil conseguir esta toma por las diferentes zonas de luz, y ya que no quería molestarla en su labor, quería que se presentara natural, estaba trabajando como peón de albañil en una obra, quizá la que el día de mañana sería su casa. Su sari, a conjunto con las ramas de los árboles, la tierra dura, su rostro, cansado pero sereno, al tiempo, la seda tendida al sol.



Hoy ella me dice tranquila;

“Las mujeres no podemos ni debemos ponernos una máscara para ir a trabajar. No podemos ver al mundo como una constante lucha, entre clases, entre sexos y entre nosotras mismas. Si lo hacemos estamos condenadas a una perpetua insatisfacción y una segura amargura al paso de los años que nos llevará a la infelicidad. ¡Somos mujeres! Orgullosamente mujeres, con habilidades únicas, con talentos que un hombre simplemente por su naturaleza no tiene. Pero podemos ponernos a su altura, no me caen anillos a la hora de levantar la espuerta, solo quiero que se me reconozca como mujer, Las mujeres debemos apostar a serlo de pies a cabeza en nuestro ambiente laboral. Nuestra natural suavidad en el trato, nuestra facilidad de comunicación, nuestra facilidad para la empatía son armas más poderosas que la confrontación, una confrontación que dejamos para los hombres, que muchas veces quieren obtener la razón por la fuerza. Las mujeres podemos realizar un cambio si vemos nuestro trabajo como un espacio para el encuentro con otros seres humanos, hombres y mujeres, si dejamos atrás el amargo del camino, si buscamos el aroma del incienso y la sonrisa verdadera.”

ELLAS VII

Siguiendo con la serie dedicada a las mujeres de la India que estoy titulando “Ellas” y cambiando el sari por el uniforme escolar os presento a esta clase al completo de un colegió femenino, durante un rato pude compartir su tiempo, su interés, su alegría, y también su entusiasmo.



Pero es hoy cuando las protagonistas de la imagen me dicen claramente:

“nosotras ya formamos parte del futuro, deseamos ser futuro, llegar preparadas para enfrentarnos a una sociedad multicultural, donde lo que prime sea la persona como ser, nos aplicamos, trabajamos tanto como los varones en tener una educación que nos haga progresar, deseamos que el día de mañana se nos valore en igualdad en el campo laboral y en el familiar, no pedimos más, únicamente lo mismo”

La educación es un derecho humano y un elemento indispensable para el progreso económico y social. Debe reconocerse que el acceso pleno y en condiciones de igualdad a la educación es un requisito fundamental para la potenciación de la mujer, y un instrumento fundamental para lograr los objetivos de igualdad de género, desarrollo y paz.

ELLAS VIII (fin de la serie)

Con esta imagen que para mi representa la ingenuidad, la esperanza, el futuro, y muchísimas más cosas, quiero despedir esta pequeña serie dedicada a "ellas" donde me he dejado llevar casi como siempre por el lado más emotivo de las imágenes, sumergiéndome en el mundo de la mujer en la India, en el mundo rural, en el ámbito laboral, sentimental y familiar quizá como un intruso, pero siempre con el deseo de haceros llegar
ese mensaje que a mi me proponía la imagen.



Quiero daros las gracias a todos los que habéis clicado las fotos, a todos los que las habéis visualizado y leído, y sobretodo a los que con vuestros comentarios os habéis solidarizado con el mensaje.

Ha sido una manera más de compartir mis inquietudes con vosotros, y creo que en gran parte de eso vivimos los humanos, de compartir inquietudes.





Texto y fotos; Miguel Adrover Caldentey

lunes, 26 de abril de 2010

Ellas V

La manera de caminar, de pisar con fuerza y con seguridad me decía:




"Soy mujer, pero ya se quién soy, soy la mejor interpretación de mi misma, no una burda copia de alguien que quiera marcar por mi el paso, llevo conmigo la fuerza de un colectivo, el orgullo de una raza y el ímpetu de toda una generación"

Texto y foto; Miguel Adrover Caldentey

sábado, 24 de abril de 2010

Ellas IV

De nuevo me acerco a la mujer trabajadora, la que muchas veces lleva el peso del hogar, la que además de supervisar, administrar, cuidar y equilibrar casa y familia, hace su jornal de sol a sol.


Una vez más, dentro de este reportaje “Ellas”  esa mujer levanta la voz, fatigada, cansada, pero ilusionada,



“no, no te alejes, acércate con tu cámara, demuestra que realmente trabajamos duro, enseña al mundo que trabajamos de sol a sol, que nuestras manos se llenan de callos, que perdemos aquí nuestra alegría, nuestra juventud, nuestra vitalidad, que el esfuerzo nos hace llegar a casa casi arrastrándonos, y que el jornal por seis días de 10 horas cada semana es al cambio de unos 12 euros.
Pero aún así, mantenemos erguida nuestra cabeza, queremos seguir adelante, buscamos ese camino, esa posibilidad, seguimos manteniendo la ilusión, de que un día, nuestras hijas, sean también ciudadanas de un mundo mejor”

Texto y foto; Miguel Adrover Caldentey

viernes, 23 de abril de 2010

Ellas III

Hoy he escogido esta foto, tomada en una de las calles más concurridas de una ciudad grande, ponedle el nombre que queráis, al norte de la India, pero lo que me llamo la atención, fue el gesto de la mujer mayor del centro, casi no es necesario que hable con la voz, su mirada lo dice todo.




Pero escuchándola con atención, a mi, desde la foto me dice;

“Siempre fui una niña llena de miedos, siempre dependí de mi gente para dar un paso hacia adelante, crecí llena de prejuicios con respecto a la religión, a la política, al sexo. Cuidando de mis hermanos más pequeños cuando todavía tenia edad de jugar, ayudando a mis padres cuado debía estudiar, cuidando siempre de que no hablaran mal de mí, nunca pude disfrutar los juegos de las escondidillas, ni de niña ni de mujer, y después, cuando todavía no había crecido, miedo de fallar, de no conseguir que mi esposo siempre tuviera lo necesario para su felicidad.
Crié a mis hijos con miedo, miedo de que la enfermedad se los llevara cuando todavía eran tan jóvenes, miedo a que no pudieran tener un futuro, miedo a que la ambición les hiciera alejarse, miedo al miedo.
En mi mente siempre estuvo el miedo al enfrentar la oscuridad, miedo al hambre, a los diablos, miedo al mañana.
Y ahora, ahora tengo miedo, miedo de lo desconocido, de la gente que me rodea, de no saber donde estoy, no quiero perderme entre la multitud, miedo de un mundo que me desborda, que me supera.
Quiero seguir disfrutando de mis miedos de soledad, esos que conozco, esos con los que aprendí a vivir, no necesito las camisas occidentales, ni los relojes en la muñeca, no necesito esos coches, esas motos, ese ruido, solo tengo miedo”



Texto y foto; Miguel Adrover Caldentey

miércoles, 21 de abril de 2010

Ellas II

Al igual que ayer, cuando inicié esta serie que estoy titulando “Ellas”, hoy intento haceros llegar el mensaje que me trasmiten las protagonistas de la foto. Las de hoy me están diciendo:




“No, no te estamos dando la espalda, te estamos invitando a que te unas a nuestro caminar, que vengas a nuestro lado, que no quieras ir delante ni quedarte rezagado, sencillamente ven, camina con nosotras. Hagamos juntos ese camino que entre todos, será más fácil poder recorrer. No te decimos que sea un camino fácil, no, a buen seguro será un camino largo y duro, pero quizá tú, desde tu otro mundo, con tu caminar a nuestro ritmo consigas que otros nos vean, y quizá algún día caminen con nosotras.”



La fuerza de las mujeres se realza en situaciones de desesperación, en las que la lucha es la única posibilidad de encontrar respuestas, por eso, quiero destacar a las mujeres (madres, esposas, hermanas, novias) que buscaron y aún buscan, buscan ese acompasamiento con el hombre.
Vivimos en una sociedad privilegiada y a pesar de ello cada día vemos en las noticias actos que todos quisiéramos ya desterrados, pero que a fuerza de verlos y escucharlos en las noticias, a veces da la sensación que aceptamos. Si para la mujer, a pesar de sus derechos y de las leyes ya es difícil vivir en nuestra sociedad, imaginaos lo que tiene que ser vivir en un país donde no goza de ellos al mismo nivel que el hombre.

Texto y foto; Miguel Adrover Caldentey

Ellas

Lo primero de todo, agradecer a todos los mensajes de apoyo por la presentación de “fred al cor”, un libro que ya ha iniciado su camino. Dicho esto, y en vista de que tengo una semana muy liada por este tema, mis próximos post serán sobre una serie de textos que realicé hace dos años, en los que me sumergía en el mundo de la mujer en la India, en ellos, a través de diálogos ficticios, intento reflejar los sentimientos que me trasmiten las protagonistas de las fotos. Espero que sean de vuestro agrado.


ELLAS (Inicio de la serie)

A veces, al mirar una foto, sientes que los protagonistas quieren decirte algo, en esta, permitidme que os trasmita el mensaje que una de las ocupantes del carro me trasmitió con sus palabras al revisarla hoy.




"Sientes ese aire... yo lo siento, es el aire de cambio, aire necesario para ser libre. Sientes esa brisa, brisa de colores, de colores resplandecientes como las sedas de nuestros saris.
Sientes la vida, esa que viene y se va, que se aleja, a la que no llego, la que me evade, la que me escapa, la que otros viven.
Yo siento ganas de mostrarte todo lo que veo, que sepas todo, todo lo que pienso, que únicamente me entiendas.
Tengo ganas de mostrarte la forma en que yo veo al mundo, ese mundo diferente, ese que te otorgó esa cámara, ese con el que ahora capturas al mío ,expresarte mis sentimientos, mis temores, mis miedos.
Y que conozcas también mis alegrías, mi risa, ese momento mágico donde nada nos separa, donde compartimos la naturaleza humana.
Tengo ganas de que me digas si estoy loca o cuerda al tener tantas ideas dentro de mi cabeza, o si eres tu el que rozas la locura con tu prisa, con tu idolatría al reloj, a ese tiempo que por controlarlo se te escapa.
A la vez me da vergüenza decir todo lo que siento, yo también voy a esconder cosas, algún día quizá las descubras, algún día quizá tu mundo las descubra, mientras seguiré escondiéndolas, guardándolas celosamente para mí.
Tal vez es medio confuso todo lo que digo, por eso te propongo verlo desde mi lugar, súbete al carro de este mi tercer mundo, al mundo que vosotros catalogáis, a ese que te llevas y que un día enseñarás.
Cuando llegue ese día, en tu mundo, mi mensaje será mi imagen, no necesitare hablar, otros lo harán por mi, lo más importante será que muchos sepan escuchar."

Texto y foto; Miguel Adrover Caldentey

lunes, 19 de abril de 2010

Presentación de "Fred al cor"

Hoy quiero haceros partícipe de la presentación oficial de mi última obra, "Fred al cor" (frio en el corazón) que tendrá lugar mañana martes día 20 en la sala de actos de Espai Mallorca, en Barcelona, (C/Carmen, 55, Zona: Ciutat Vella, Metro: Liceu ) a las 19'30 h. Muchos conoceis mi faceta de periodista, aprendiz de escritor y fotógrafo aficionado, pués os digo, este es el cuarto libro que sale al mercado, además de una obra de teatro, varias exposiciones fotográficas y otras cositas, pués sigo con los mismos nervios y emoción que con el primero, y ojalá siga mucho tiempo emocionandome igual.
Ya sé que a muchos os pilla muy lejos, pero si alguno pudiera venir estaría encantado de poder conocernos personalmente. En Mallorca el libro se presentará  el próximo domingo 25 en mi municipio natal, Felanitx, en la Casa de Cultura a las 19h. Para que os hagais una idea, y no escribir sobre mi mismo, os dejo el prólogo que ha hecho a la obra el poeta José Menbrive y al final os adjunto las fotos de mis otros tres libros publicados



Miquel Adrover: el frío refugio de la poesía


Toda incursión plena en el mundo de la poesía supone un previo viaje iniciático en el que el poeta ha de ir esparciendo en su caminar fragmentos de su antigua naturaleza. El primer poemario suele ser una muestra de batallas dispersas entre el ego que se niega a ceder protagonismo y el yo lírico emergente que se apresta a manejar el timón poético y vital.

Los nuevos poetas se acercan a la gran dama de la poesía henchidos de emoción. Ignoran sus exigencias de máxima entrega. Los primeros poemarios suelen estar compuestos por poemas sueltos, de difícil conexión entre sí, productos de batallas, inspiraciones momentáneas y atisbos más o menos brillantes.

Miquel Adrover, sin embargo, entra en el ruedo poético en toda su autenticidad “a l´entrada ha deixat/ aquella máscara que afora portava”  como un espada maduro, consagrado y sorprendente con una treintena de poemas engarzados por una temática, un tono, un espíritu y un estilo muy definidos.

Lejos de la típica efusión talámica de quien pasa su primera noche de boda con la poesía, Miguel ahonda en el frío que anida en el corazón de la amada. Se nota que sus relaciones con la poesía vienen de largo aunque no se hayan oficializado con los consiguientes poemarios. Miguel nos se casa con la poesía, ni se prodiga en halagos, más bien se limita, como amante crítico, a bajarla a la tierra y empaparla de lo cotidiano. Lejos la dama inmaculada, esperando en su altar versificado que sus amantes se despedacen entre sí para yacer con el vencedor, Miquel arrastra a la poesía a la piel de la tierra, le inyecta en las venas el frío que sobrecoge al planeta, le hace llorar con las lágrimas de la luna, con las lágrimas de una primavera, llamada a reír “prefereixo obrir els ulls, / i veure el camí,/ destapar-me les orelles/ i gaudir del soroll de la natura/ i parlar en veu alta/ exposant les moves idees”.

Miguel humaniza la poesía, le hace comprometerse con lo más humilde, las paredes de sus versos están agujereadas por los disparos de la vida, moja sus metáforas con lágrimas; se presenta ante la vida como un jugador anónimo que, vistos los parámetros mentales y vitales de los vencedores de nuestra sociedad, prefiere perder en la batalla. “Vull jugar a perdre”. Sólo con leer los primeros títulos de sus poemas “Full de paper en blanc, Refugi frede de poesía, Fred al cor, Mort blanca, ombres… uno ya se hace una idea de que no estamos ante un poemario complaciente con lo que nos rodea, ni con la propia poesía.

De hecho se trata de un grito de alerta, de una seria advertencia sobre el rumbo que están tomando nuestras vidas. No es por supuesto un sermón moralizante, ni una guía de conducta es, simplemente, la muestra de lo que late bajo la piel de un mundo como el nuestro, edulcorado con rayos uva, cuando alguien le hinca el bisturí. Quien habla no es el poeta sino el propio mundo a través de sus heridas, de su frío. Claro que para ver, para sentir las heridas del mundo, para expresarlas, antes uno ha tenido que despojarse de la capa y caspa con la que el mundo actual uniformiza a los humanos enterrando y desterrando su auténtica esencia “ser tu mateix es la única possiblilitat…”

Por lo demás su poesía es sobria, descarnada, humana, impregnada con “l´esperança de veure/ una humanitat mes sociable”…

José Menbrive


domingo, 18 de abril de 2010

Quisiera


Quisiera despertar
susurrándole al aire que te rodea
palabras de amor
palabras de eterna primavera

Quisiera acariciar
la sombra que te acompaña
con caricias de viento
nacidas en mi alma

Quisiera vivir
en las huellas que dejas tras de ti
para poder así
caminar tu camino

Quisiera traspasar
la ternura de tus besos
a la piel de mis labios
para sentirlos eternamente

Y quiero ser yo
para que tú seas tú
y así poder decirte
susurrándote
acariciándote
viviéndote
besándote;

Gracias, gracias compañera



Foto; MdB (foto de la que se ha inspirado la portada del libro "fred al Cor" que se presenta esta semana)
Texo; Miguel Adrover Caldentey

viernes, 16 de abril de 2010

Amanecer


Madrugando una vez más, me acerco al mar cuando el Sol empieza a nacer, es entonces cuando el mar se vuelve de oro. Aspirar el mar, el salitre. Respirar esa brisa que llega de mar adentro, sintiendo como el nuevo día va despertándose.

Imaginar el cielo, y al mismo tiempo estar contemplándolo. Aire, agua, luz, serenidad.
Tienes que mirar dos veces antes de estar seguro de que es real, de asimilar toda la belleza que te rodea, toda esa paz.
Quieres retenerla, pero sobre todo, la vives. Ese momento de realidad queda allí, pero también en el fondo de los corazones que sepan verla.
Ese momento te acompaña como una caricia todo el día. Hoy me siento acariciado por la vida.





Texto y foto; Miguel Adrover Caldentey